Dominican Cinema

La Gunguna (Critica)

“La Gunguna”, la tan esperada ópera prima de Ernesto Alemany, es probablemente la historia que haría un cruce tarantinesco y de Guy Ritchie en suelo dominicano.
La referencia clara es más cercana al autor británico que al estadounidense, porque uno de los placeres de la película de Alemany es recordarnos lo que nos encantaba de Ritchie antes de ser el esposo de Madonna, o de exportar su estilo al mundo del blockbuster con Sherlock Holmes. Alemany, al igual que Ritchie con su underground criminal británico en “Lock,Stock and Two Smoking Barrels”, muestra la idiosincracia de un mundo criollo que todo el mundo sabe que está ahí pero decide -de alguna forma- ignorar.
El filme parte de una historia de Miguel Yarull de nombre “Montás” que -ya de por sí- contaba la idiosincracia de lo que veía su autor, también responsable del guión de la película, hace poco más de una década. “Montás” era un cuento que gritaba ser narrado cinematográficamente y no queda duda de la fascinación que provocó en Alemany desde el momento en que lo leyó. Eso es palpable en los personajes que vemos en pantalla.
Uno de los principales problemas en el cine dominicano es el desarrollo de los personajes. “La Gunguna” no cuenta con este problema. Cada uno de los personajes, sin haber dicho una palabra, destacan su personalidad por encima de la piel. Montás, interpretado por Gerardo “El Cuervo” Mercedes, es el honrado trabajador abnegado que busca sobrevivir en una ciudad socialmente hostil; Maitin El Gago [Isaac Saviñon] es él, irónicamente, bocón y prepotente con la característica del adolescente que cree que se puede llevar el mundo por delante; El Puchy interpretado por Jalsen Santana, es el malcriado que tanta facilidad en la vida lo llevó a abrazar un mundo que probablemente no le tocaba. Y esto es sólo por nombrar algunos.
Para la adaptación cinematográfica, nuevos personajes y ambientes fueron realizados. Así aparece “Bárbara, la mañea” [Nashla Bogaert], “Yosivett, La Yosi” [Janina Irizarry] y El Bori [Jaime Tirelli]. Este trío de personajes y sus historias encajan perfectamente en el mundo de “Montás” y es por esto que es una lástima que su círculo no sea cerrado al igual que el de los demás personajes; aunque Bárbara realmente no tuvo ataduras con la pistola que trae desgracia a todos estos personajes, es una pena verla a ella y al Bori, un personaje tan marcado por su obsesión al poder que colecciona armas y más si provienen de hombres de poder, no ser parte de la conclusión de la historia. Estos personajes, al momento del desenlace del filme, se sienten más como una adhesión momentánea que cómo algo relevante de la historia. Incluso Pancho [Vlad Sosa] justifica la ausencia de la presencia de los boricuas con un “esas personas dejan todo a medias”.
Empero, estos pequeños percances no dañan la buena experiencia de una película que utiliza no solamente la acción, la crítica social y un buen uso del lenguaje cinematográfico sino que también aborda la comedia de una manera inteligente sin necesidad del facilísimo y la burda comedia genérica a la que la audiencia dominicana se ha visto sometida por años [aunque las masas todavía prefieren eso]. Es un ejemplo de un realizador que sabe lo que quiere contar y como lo quiere contar. Por esto llega molestar un poco tantas tomas áreas, algo sobre utilizado en las más recientes producciones dominicanas, por que la “cualquieriza” de alguna forma. Fuera de la toma final, luego de esa frase ya representativa de Montás “la luz se va pero siempre vuelve”, en donde la cámara se aleja de la ciudad desde el barrio de Montás, el filme no necesitaba de esas tomas que parecen ser algo obligatorio en todas las películas dominicanas no importa su género.
Alemany, de todas formas, logra aprovechar el tiempo que tiene en mano. El trayecto de Montás de la construcción a su casa me hace recordar precisamente una escena de Ritchie en “Snatch” y de Edgar Wright en “Hot Fuzz”, donde el trayecto no sólo sirve para matar tiempo sino para contar una historia. Esta isla y esta ciudad es pequeña en comparación a Londres u otras ciudades, pero eso no quita que el trayecto de Montás sea igual de extenso y agobiante., y eso está perfectamente retratado en el filme.
“La Gunguna”, en cuanto a cine dominicano, es un paso que debe ser tomado en cuenta de como hacer cine. El filme deja a Ernesto Alemany como uno de los pocos directores dominicanos de los que queremos ver más películas. Lo mismo con Yarull con sus guiones. Será muy difícil que exista un mejor filme de factura local este año.
 
Escrito por Orlando Santos, Fuente: CineDominicano

 
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